miércoles, 30 de junio de 2010

Dos meses

Esa es la sanción de la FIFA a Maradona por mandar a parte de la prensa de su país a chuparla y mamarla.

Hablemos de posibles sanciones. ¿Cuántos meses le deberían caer a Marca por la campaña de acoso y derribo a Pellegrini? ¿Y a los Manolos de Cuatro por la infecta entrevista de la semana pasada a Florentino Pérez? ¿Y a la Sexta por la adulación sin mesura del mismo Florentino? ¿Alguien recuerda cómo se trató a Clemente o Luís Aragonés mientras fueron selecionadores? ¿Alguien escucha el Carrusel o el Larguero?

Sancionar a Maradona es fácil, siempre ha hecho las cosas así, a las bravas, da igual si hay que dejar atrás a cinco ingleses, justificar un gol ilegal poniendo a Dios de por medio, ganar dos scudettos, una UEFA y un Mundial rodeado de jugadores mediocres, drogarse, renacer, volver a las andadas, engordar, enfermar, tatuarse, apoyar dictadores, rehabilitarse... Todavía sonrío cuando la prensa se echó las manos a la cabeza después de las palabras de Maradona, ¿qué esperaban? El papel de víctima por parte de los periodistas es, cuanto menos, patético, cuando algunos de ellos dan cera indiscriminadamente, un día encumbran y al siguiente denostan sin ningún tipo de argumento sólido, se dedican en muchos casos a difamar con detalles de la vida privada de los jugadores y entrenadores, reclaman sus despidos y destituciones y luego patalean cuando no les conceden una entrevista o no quieren hablar con ellos. Eso sí, todo esto únicamente sucede cuando se pierden partidos, cuando se ganan el escenario se convierte en alabanza desproporcionada y ridícula.

Pero hablemos también de fútbol, deporte callejero y de orígenes humildes, al que muchos deben una vida que de lo contrario hubiera acabado de mala manera, en el que la trampa y la picardía se aplauden si favorece los intereses propios, un deporte que se niega a solucionar males endémicos porque se perdería el romanticismo -algunos consideran un gol fantasma no concedido algo que debe mantenerse-. ¿Nos hemos parado a pensar quién habita este ecosistema? ¿Cuántos presidentes han tenido que comparecer ante la justicia? ¿Cuántos jugadores han acabado arruinados después de haber cobrado fortunas? ¿Cuántos periodistas han acabado al lado de los que criticaban? ¿En serio alguien espera grandes declaraciones de principios y opiniones razonadas?

Y hablemos también de la gente, seguidores, aficionados y socios de los clubes. Los mismos que aplauden a su equipo, jugadores y entrenador, según el marcador y no el juego, que un día van al aeropuerto a recibir a sus héroes y al siguiente les apedrean el autocar, que celebra el cuento de los suyos para perder tiempo pero se enerva cuando es el rival el que lo hace, los que justifican entradas duras porque ya se sabe, esto es un juego de hombres, que desean la muerte del rival con alegres cánticos, que compran periódicos, escuchan emisoras y ven canales únicamente para que leer, oír y ver lo que quieren leer, oír y ver. Somos nosotros, seguramente, los principales culpables, porque sin nosotros, meros consumidores, el negocio sería mucho menor.

Pero aún así, sería deseable que la prensa deportiva fuera más respetuosa, que existiera la tertulia sosegada en lugar del fanatismo y el exabrupto continuado, que hubiera cierta imparcialidad de los que hablan respecto a los intereses económicos de sus grupos mediáticos, entonces, y sólo entonces, a lo mejor podrían indignarse cuando alguien, después de una situación de máxima tensión, los manda a chuparla.

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