Si con Messi se acaban los adjetivos, con el Barça también. Ya no es la calidad individual, los goles o los detalles técnicos, es la presión, el no dejar al rival pasar de medio campo cada vez que se pierde el balón, el hecho de que casi no reciba ocasiones en contra, la coordinación y posición de los jugadores. Roza la perfección en todo lo que hace; tanto que le quita al 80% de los partidos un componente básico: la emoción.
Messi tiene bastante con correr, mantener a los defensas cerca, no acabar de controlar el balón -no para de botar en toda la jugada-, y al final tirar a contrapie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario